Km 12.165. Centro América. 11 meses en la ruta
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La hélice gira, pareciera querer trozar el colchón de nubes anaranjadas que cubren esta tarde de mayo. A mi lado la silueta fisonómica de Vivi se recorta entre la pequeña ventana ovalada y el fondo azul cincelado por los colores del ocaso. El pequeño avión vibra, sobrevolarnos el Caribe rumbo a Panamá. Esquivamos (como todos) una zona ignota llamada Darien, escrupulosa selva que no se deja herir por los avances camineros, inexpugnable burbuja verde que reta la ambición económica y política.
No nos dejan sacar fotos ni filmar, no nos dejan registrar este gran momento del viaje, nos atan las alas. Se vienen todos los recuerdos de Sudamérica encima, tanto por contar, cuanta vida compendiada. Las palabras de Mamá Mori golpean las puertas de nuestros corazones recordando lo que conmocionada nos dijera el día que partimos de la vecindad: “he aprendido mucho de ustedes, me han demostrado que cuando uno desea algo, aunque no se tenga dinero se puede conseguir, se encuentra la forma. Ahora puedo irme a Barranquilla, que está solo a 100km de aquí, sin necesidad de tantos miles”.
Dos meses proyectando en Colombia y uno y medio abocado a la búsqueda de esa nave que cruzara nuestro Cine. Cantidad de momentos en este país, tanta gente a nuestro lado. Colombia desde siempre me roba el corazón, a Vivi también la ha extasiado. Hoy viajar por sus geografías es totalmente posible y por supuesto teniendo sus precauciones (porque aún hay zonas un poco complicadas) no hay de que temer. Hay que barrer los fantasmas que hacen de Colombia una nación intransitable, aquellos que no lo hagan se perderán de conocer al país que abraza a una de las poblaciones más hospitalaria y generosa de este mundo. Hay un extraño magnetismo en Colombia que hace que el viajero se sienta como en casa, que hace extrañar esta tierra cuando aún no se ha partido y que siempre, pero siempre, queramos volver.
Y entonces miro a Vivi y comprendo todo lo que venimos pasando, y me dan ganas de abrazarla fuerte porque entendemos el rumbo, porque cada vez que algo sale sentimos que los esfuerzos valen. Y entonces la miro y la quiero, atesorando cada minuto de este profundo viaje. Se nos caen las lágrimas, Colombia se queda siempre con algo de mí, ahora también, con algo de Vivi.
Y Vivi me mira y me dice lo que le pasa y los sentimientos conjugan y se asemejan y es que cuando se está tan próximo se siente y piensa casi lo mismo. Y me sonríe y también se emociona apretando fuerte mi mano. Estamos tan contentas! que parece que subimos a un avión por primera vez!
Manejamos la idea de hacerlo por mar, pero ante el poco tiempo que nuestra camioneta tenía para estar en puerto de destino (ya que no podíamos viajar con ella) y ante el azar de no saber cuántos días podría tomarnos la aventura de cruzar por agua, decidimos hacerlo dentro de un pájaro de acero. Acaso haya sido esta una de las fronteras más esperadas, un digno salto a Centro América!
La sensibilidad de nuestro proyecto llegó a las oficinas de MEARSK, una de las Líneas Marítimas más grandes del mundo. Gracias a sus servicios de traslado de carga contenerizada, Macacha (nuestra 4×4) pudo viajar desde Cartagena totalmente segura a través del Caribe arribando a Manzanillo, Colón, el Puerto de Trasbordo más grande América Latina.
[singlepic id="672" w="320" h="240" mode="" float="" ]Nuestro agradecimiento a toda la gente de MEARSK que se vio involucrada y nos prestó su ayuda para agilizar la tarea de cruce. Y por supuesto nuestro agradeciendo a los directivos que accedieron a nuestra noble solicitud del flete.
La Sociedad Portuaria de Cartagena también aportó lo suyo, la calidez humana y solvencia fueron destacadas. Gracias Lourdes, eres una nota!
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Tiempo, papeles, firmas, formularios, fotocopias, pasaportes, pases….uffff! un sinfín de cositas se necesitan para cruzar un coche a Panamá cuando no se cuentan con recursos. Muchas energías se van en esta acción. A modo de ejemplo: la policía antinarcóticos antes de ingresar cualquier mercancía a los contenedores realiza una requisa tremenda, hurgando hasta la mugre pegada en las ruedas que de paso se desinflan. Dan vuelta un coche, lo sacuden, lo pinchan, lo barren, lo huelen y luego claro, Vivi y Gri para encajar todo de nuevo. Quienes estamos en esta, sabemos que hay un tedioso y aburrido rompecabezas que armar.
Nos ha pasado a nosotras, les ha pasado a todo aquel en nuestras mismas condiciones. Un útil instructivo de los amigos viajeros de América Nómade fue nuestra guía, próximamente estaremos completando la data para que pueda ser usada por todo viajero que decida cruzar de Colombia a Panamá y la cosa se les torne más sencilla.
El avión se inclina, las hélices se enloquecen, estamos a punto de aterrizar. ¡Amigos! ¡Iniciamos nuestra aventura por Centro América!
Y es que en ese raudo vuelo que duro poco más de una hora y sumó a nuestro conteo 500 Km más, sentimos que éramos mucho más que dos.
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Prensa + Vivir, diario oficial de Panamá.
Kaos en la Red
Prensa Fundación Ciudad del Saber. Nota completa aqui:
http://www.ciudaddelsaber.org/sala-prensa/eventos/
Mi Diario La Voz de Panamá. 19 de Mayo del 2009
Hace algunos días nuestros pasos crujían. De la habitación al sanitario, del sanitario a la azotea nuestros talones componían puros chirridos pétreos. Y es transitábamos en medio de colinas de escombros producto de la demolición de todo el piso de la primera planta y la terraza del departamento que habitábamos. “Me siento como una rata” sentenció Vivi una tarde de agobiante calor mientras escalaba rocas en busca de la ducha. Pensando me quedé ante sentida expresión. Y es que uno puede sentirse de muchos modos, pero como una rata! Vaya semejada! Pero pocas horas después, quien relata se sentiría como una mosca cuando la paleta de la abuela le cae encima. Mientras dormía, se desplomaba el techo de la habitación a centímetros de mis narices. Polvo y susto las lesiones. Y ustedes dirán, ¿pero donde se metieron estas chicas? Y por supuesto uno no se siente como una rata ni se le caen los techos porque sí, así que mejor les cuento la historia de estas últimas e intensas semanas. Luego de la seguidilla de presentaciones en las Bases Navales decidimos tomarnos un descanso e ir a conocer las bellezas del Parque Nacional Tayrona.
A pocos km del Parque hay un lugar donde la luna pareciera hospedarse entre antorchas y candelabros. Allí donde la Sierra Nevada de Santa Marta descarga sus faldas al mar, florece Rancho Luna,
un cómodo hotel ecológico dirigido por Azucena Samudio, quien amablemente nos acogiera por algunos días.
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Gracias a la consideración de las autoridades del Parque canalizadas mediante Judith Ballesteros, pudimos ingresar sin cargo al mundo natural, cultural y extraordinario del Tayrona. Un universo donde el cielo y el mar enceguecen con tanto azul. Un lugar que no quisimos perdernos por nada! Mientras quien les cuenta caminaba todas las posibles superficies
Vivi en medio del turquesa, se besaba con todos los pececitos que debajo del agua encontraba.
La Guajira fue un touch and go. Montada en Esperanza (mi bici) fui a recorrer algunos km del misterioso mundo Wayuu, donde casualmente pude conocer al Profe Moncayo, “el caminante por la paz” que aboga inquebrantablemente por la liberación de los secuestrados entre los cuales se encuentra su propio hijo, despojado de su vida desde hace más de 11 años y que aún se piensa está vivo!
El descanso comportaba el hecho de que luego del mismo debíamos iniciar negociaciones y visualizar modos para saltar hacia Centro América, salto que ha de hacerse vía mar, ya que la Región de Darien (conocida como el Tapón de Darien) una zona exuberante de selva tropical protegida y una de las áreas biológicamente más diversas del mundo, corta la panamericana e imposibilita avanzar hacia Panamá por tierra.
En Barranquillas decidimos tantear la situación ya que algunos viajeros habían podido gestionar levar anclas desde aquí. Estuvimos buceando entre agentes, representantes y compañías navieras que cargaran coches hacia Panamá o Costa Rica. Nos sumergimos en internet, en la guía telefónica y en cuanta posibilidad se cruzara. Vivi se hizo la mejor amiga del teléfono casi perdiendo sus huellas digitales con tanta marcadera. Se sumó el hecho de que era Semana Santa y en Colombia y como bien lo dice la palabra SEMANA, fueron siete días de poquísima actividad comercial. Todos metieron bajo llave y triple candado sus uniformes y rutinas de trabajo. Así que poco pudimos avanzar en todos nuestros intentos. Para ser honesta, Barranquilla nos pintó un panorama bastante sombrío, develando que para este cruce se necesitaba paciencia, tiempo y que estábamos en el lugar equivocado.
Tocó entonces venir a donde estamos ahora, Cartagena de Indias, sintiéndonos lauchas y sacudiéndonos el polvo de techos que se nos caen. Pero amigos!, no esquivemos algo. Valga contarles que el dto donde estábamos (antes de que vinieran seis hombres a destruirlo a toda velocidad) era un lujo y lo siguerá siendo. La increíble bondad del amigo Carlos nos puso las llaves de sus posibilidades en las manos ya que el dto es parte de un conjunto residencial plantado en el idilio geográfico de Cartagena: el Centro Histórico o Ciudad Amurallada.
Esta pequeña urbe cercada que protege siglos de historia fue la primera ciudad en declarar su independencia ante España y uno de los Puertos más importantes del nuevo mundo, por donde entraba el “progreso”, claro, pero también, la triste historia de los esclavos africanos que llegaban de ultramar. Por estas callejas la gente camina vestida de blanco o va montada en carrozas de madera tiradas por caballos.
Los muchachos serenateros se ganan su día sangrando vallenatos de amor y las morenas y morenos desgarran sus cuerpos sudados al son de la Champeta
Fuentones de frutas tropicales decoran las cabezas de morenas voluptuosas que desfilan por toda ciudad dejando un halo de fresco aroma.
[singlepic id="615" w="320" h="240" mode="" float="" ]Las limonadas de coco, los restaurantes caros, las casas de colores y sus balcones colgantes; las elegantes joyerías, hoteles, casas de ropa, artesanías y el sabor de la candela pincelan todo el lugar.
[singlepic id="647" w="320" h="240" mode="" float="" ]Una Ilusión tangible encerrada en 11 km.
Y claro, del otro lado de la muralla, también las otras Cartagenas: esa moderna copada de rascacielos y firmas importantes,
y esa otra, de los barrios marginales, del hacinamiento,
de bandas violentas, de prostitución, de alcohol y droga; la de los pescadores,
la de los vendedores ambulantes que bajo la cruda canícula solar sobreviven navegando sus botes, extendiendo sus redes,
caminando las calles
Y como no mencionar la cita diaria a la caída del sol,
sin importar condición, si estamos afuera o adentro, si somos lo que seamos, a la hora que sol decide morir, muchos de nosotros por un breve instante dejamos de respirar.
Sucedió que una mañana nuestro refugio de ensueño decidió remodelarse y la invasión de albañiles fue un hecho. De un día para otro, los pisos suaves de transformaron en agujas rocosas y los techos blancos en oscuros huecos. Por un par de jornadas nos vimos viviendo en un diminuto escenario de posguerra, hasta que la situación no dio para más y la mudanza se tornó inminente.
Pero permítanme contarles el contenido de nuestros días. Nuestro objetivo por ese entonces se había transformado en un lema diario: ¡Cruzar a Panamá! Pero dicho cruce debía ser bajo un formato solidario (esto es: me ayudas, te ayudo ¿en que nos podemos beneficiar ambas partes?) no había otra forma, no teníamos otra forma. En resumidas cuentas teníamos que costear cuatro asuntos bien claros: Flete 4×4, gastos portuarios de Cartagena, gastos portuarios en Panamá, nuestro traslado. Entonces entró en juego la lista de posibilidades en todos los aspectos: líneas marítimas, líneas aéreas, sociedades portuarias, todos potenciales patrocinadores del cruce de Cine a la Intemperie a Centro América. “Nuestra empresa transporta combustible, ningún otro tipo de carga, lo siento hubiera sido interesante”, “Nuestra empresa no maneja sistemas de patrocino, lo lamentamos”,” Nuestra empresa podría ofrecerles un buen descuento, pero más que eso no podemos hacer”, “Nuestra empresa desde la crisis ha hecho recortes importantes” “Nuestra empresa bla bla bla…” (Y si!, nos recortaron). Y las negativas caían como fichas al tragamonedas y nosotras mareadas de tantos nombres, de tantos números telefónicos, de tantos: “deben comunicarse con tal, porque él sabe de uno, que podría echarles una mano a conseguir ese otro que las pueda ayudar”. Estoica paciencia y más paciencia, hasta hubo un día en que Vivi me dijo: “Listo Gri! tenemos LA entrevista el martes a las 8:00 am- “Genial”- repliqué- ¿“donde? ¿Y con quién?” – pregunté – “Ay no sé! no me acuerdo pero es RE importante” Este dialogo resumía lisa y llanamente el tremendo aquelarre de nuestros cerebros.
Al final las posibilidades se habían reducido a dos líneas marítimas! Lo bueno es que no solo estaban interesadas, sino entusiasmadas. Nos aferramos como náufragas a esas dos chances, nos aferramos hasta el desquicie llamando a la mañana a la tarde y a la noche para tener alguna novedad. Nos aferramos hasta no poder pensar en otra cosa que cruzar a Panamá. Nuestros avances con las líneas aéreas seguían el mismo rumbo “mañana quizás tengamos alguna respuesta” Y los mañanas se acumulaban, y ya no eran días, sino semanas!!. Solo la Sociedad Portuaria de Cartagena fue contundente: “les vamos a colaborar con los gastos de puerto” y fue el día que nos dibujó una enorme sonrisa de triunfo en al menos uno de los ítems a costear.
Entre llamado y llamado llenábamos las jornadas con diferentes actividades. De tanto pasear el casco histórico, sus callecitas y portones nos contaron todos sus secretos.
[singlepic id="661" w="320" h="240" mode="" float="" ]Nos convertimos en rastreadoras profesionales de aéreas wifi y de lugares para usar computadoras.
A las 18:00hs Vivi no faltaba a su cita con Gaviota y saltaba de lugar en lugar en busca de ese Café con Aroma de Mujer. La terraza del dto con vista al mar (cuando aún no la habían tirado abajo) era el escenario donde Vivi bailaba, y quien relata se inspiraba. Nuestras miradas se las robaban las mujeres colombianas y es que nos resultaban asombrosos los curvilíneos cuerpos de estas mujeronas!. Los fines de semana asomaban en un abrir y cerrar de ojos así que tocó visitar Turbaco (hermoso Jardín Botánico) Volcán de Totumo (con su magnífico barro termal en el tope)
[singlepic id="648" w="320" h="240" mode="" float="" ] y San Basilio de Palenque (uno de las más importantes comunidades en América Latina gestado por descendientes africanos y que aún mantienen y defienden a raja tabla sus tradiciones)
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En nuestra inminente retirada del Centro Histórico, aterrizamos en un conjunto departamental popular, que sinceramente parecía la vecindad de Chavo. ¿Cómo llegamos allí? Solo diré que Moraima, una esbelta y simpática colombiana, se cruzó mientras lavábamos la camioneta y alucinada por lo que Vivi le contaba sobre la travesía que llevábamos a cabo, nuestra preocupación de hospedaje con solvencia resolvió.
Más días, mas espera, fenómeno de la gripe porcina, otras alternativas…. ¿Y si nos vamos para Cuba?- pensábamos. No nos salía el patrocinio, la gripe se expandía, era un lugar seguro en caso de pandemia severa, la Isla estaba en nuestro itinerario y sobre todo el dinero que necesitábamos era la mitad. ¿No sería una buena opción? – cavilábamos. Todo lo quisiéramos, pero igual necesitamos costear los pasajes aéreos. Y así los razonamientos a mil por hora, así el cuerpo se iba cansando y la mente consumiendo.
Nuestro amigo bogotano Santi, al pie del cañón, nos ayudaba hasta lo imposible desde todos los flancos. Gracias a sus influencias, dos días y dos noches nos mudamos de la vecindad a una zona residencial cartagenera de esas re chic. Solo mencionaré piscina, yacusi y salida al mar para que se creen una imagen de un dto inmaculado que intima de frente al Caribe (Gracias Margarita!)
Pero antes de que llegara el alba del día de cumple de Vivi, la vecindad del chavo nos protegía nuevamente. De esos tipo de lugares donde la línea que divide la esfera pública de la privada de desdibuja, donde la gente vive tan próxima que hasta fantasean lo mismo, donde bailemos, gritemos, pongamos música a reventar, con tal, el vecino es nuestro compadre. Y así los bafles del compadrito del frente meta champeta, mientras los parlantes del vecino posterior le daba duro al reggae y la comadre del cuarto piso gritaba mientras atiborraba de ropa su colgadero: “amorrrrr amorrrrrrr amorrrrrrr” cantando vaya saber a quién. No faltaba el vendedor ambulante vociferando “aguaaaaaacaaaateeeeee!!!!!!!!! Mangoooooooooo!!!! taladrando los tímpanos de quienes solo queríamos un poco de paz. Las figuras de la vecindad del Chavo quedaban un poroto al lado del zoológico humano que habitaba este conjunto popular.
Recuerdo que meses atrás conjeturábamos en qué país de Centro América pasaríamos nuestros cumpleaños (24 de abril y 8 de mayo), pues en teoría quedaron nuestros “posiblemente en…”. Sudamérica nos atrapó en un nuevo año de existencia junto a amigos que estas vetustas murallas colombianas nos regalaron.
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Hasta hoy, todavía seguimos sin respuesta clara. Una de las Líneas Marítimas nos dijo “sssssssssss” pero para estar seguras necesitamos que agreguen el “iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii”.
Y es que durante estos días quise saber (y esto sin ánimo de queja en absoluto eh?) solo, se me cruzo saber… ¿quién dijo que soñar no cuesta nada?
